Echarte de menos
Echarte de menos y dolerme al ver que ya no estás. Recordar cómo aparecías adormilado por la cocina cada mañana mientras yo ya llevaba un rato danzando, te acercabas y acariciabas mi mejilla con ternura antes de hacerte un café y dirigirte a tu mesa para comenzar la jornada de trabajo. Recordar tus caras cuando irrumpía sin previo aviso y me hacías señas cuando esa interrupción era totalmente inoportuna. Recordar tu media sonrisa con alguna de mis ocurrencias o con alguna de mis meteduras de pata, esas que formaban parte de mi rutina, bueno, de la de los dos. Recordar nuestras conversaciones superficiales y también profundas, las noches de documentales de thrillers policíacos en el sofá, nuestros ratos en el Artesian o el Serendipia. Recordar cómo me hacías cosquillas para que conciliara mejor el sueño o el roce de tus pies al entrarnos en la cama. Sentir tu calor, tu respiración, tu olor, tu presencia... sentir y tener la certeza de que echo todo eso de me...