Vuelta a la estación
Diferentes historias, diferentes porqués de sus viajes, diferentes individuos que se mueven de acá para allá, que se sientan en esos fríos bancos, que se vuelven a levantar, que miran el reloj, que vuelven a revisar si llevan todo lo necesario. Suena una vocecilla por megafonía avisando de la salida o la llegada de un vehículo cargado de pasajeros. Se forma un pequeño revuelo hasta que todo el mundo se ubica. Y ahí estoy yo, contigo, esperando a que llegue el Coche 5, mientras el resto de la gente que se dirige hacia el mismo destino que tú no sabe muy bien en qué coche se ha de montar. Nos fijamos en otras personas que tienen el mismo billete que tú, y mientras pasan esos minutos antes de que te marches, no me suelto de tu mano. No es la primera vez que te acompaño a la estación, pero en esta ocasión, el día que llegaste no sabía muy bien cómo actuar. Había pasado algo más de un mes desde que rompimos con esto “sin nombre”, tiempo en el que creo que ambos hemos pensado...