El convoy de la existencia

Me subí al tren de la vida hace 8.030 amaneceres aproximadamente. Este viaje es solo de ida, y en el trayecto que llevo recorrido he realizado muchas paradas.

En cada una de esas paradas me he encontrado con pasajeros que por diferentes razones han elegido subirse a mi tren, todos y cada uno de ellos diferentes. Algunos decidieron bajarse hace mucho,  a otros tantos los obligué a tomar otra trayectoria, espero que haya varios que decidan aventurarse conmigo, mientras que por otro lado están aquellos que no saben si continuar en ese viaje o emprender uno nuevo, y finalmente se encuentran ellos, los que tienen intención de acompañarte sin pensar en cuando dejarán de hacerlo.

Durante ese viaje, el tren ha sufrido varias averías, incluso alguna vez ha descarrilado perdiendo algún que otro vagón, pero aún así ha continuado funcionando.

He divisado paisajes hermosos, llenos de vitalidad y armonía, otros gélidos y lúgubres, y ahora miro hacia la ventanilla y no veo nada más que una gran expansión con grandes rocas que me impiden encontrar un horizonte, aunque parece que este orto se presenta más diáfano que de costumbre.

Cada uno de nosotros decidimos en qué tren montar y en cuál no, y hay veces que al pensar en exceso perdemos la oportunidad de subir, y mientras nosotros dudamos, él se pone en marcha y comienza a alejarse, y suele ser entonces, cuando tomamos conciencia de que se está distanciando, el tiempo en que nuestras incertidumbres comienza a despejarse, justo cuando ya no hay un posible retorno.  

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